sábado, 7 de diciembre de 2013

«El Pana» la única oreja concedida en Monterrey

El veterano diestro mexicano Rodolfo Rodríguez "El Pana", fue el triunfador de la tercera corrida de la temporada en la plaza de Monterrey, norte del país, al cortar la única oreja otorgada. Su paisanos Luis Fernando y el diestro español Víctor Puerto se fueron en vacío.
Con media entrada se lidiaron seis toros de Golondrinas en buenas carnes y manejables en líneas generales.
"El Pana", con destellos de los suyos en el primero cosechó una oreja y en el cuarto dio vuelta al ruedo.
Puerto, sin materia prima a modo, ovacionado en el segundo y silencio con aviso en el quinto.
Luis Fernando, sin sitio, se mostró esforzado sin redondear nada, silencio en el tercero y palmas en el sexto.

Enrique Ponce sufre una rotura de fibras mientras entrenaba

Enrique Ponce, durante la tercera de la feria de Ciudad Real, el pasado año
Enrique Ponce, durante la tercera de la feria de Ciudad Real, el pasado año Efe
Al menos tres semanas tendrá que permanecer Enrique Ponce en reposo absoluto, después de que haber sufrido una rotura de fibras en el abductor izquierdo mientras entrenaba en su finca Cetrina. El diestro se preparaba para hacer frente en las mejores condiciones físicas a sus próximos compromisos en los cosos americanos.
La ecografía que le ha sido realizado ha confirmado esta lesión, una rotura de fibras de dos centímetros y medio que le mantendrá alejado de las plazas un mínimo de 20 días. Por tanto, Enrique Ponce no podrá torear los dos compromisos previstos para este fin de semana próximo en las plazas ecuatorianas de Latacunga y La Belmonte, y podría peligrar también su presencia el próximo 8 de diciembre en Lima.
Ponce ya sufrió una lesión de este tipo mientras toreaba en la Feria de Julio de Valencia en 2012, por lo que tuvo que estar un mes de baja en plena temporada, según informa Mundotoro

Pablo Hermoso de Mendoza, triunfador en una tarde con pésimo ganado

El rejoneador español Pablo Hermoso de Mendoza lidia un toro en la feria taurina que se realiza en la plaza de toros de Acho en Lima
El rejoneador español Pablo Hermoso de Mendoza lidia un toro en la feria taurina que se realiza en la plaza de toros de Acho en Lima Efe
Pablo Hermoso de Mendoza fue el triunfador de la cuarta corrida de la Feria limeña del Señor de los Milagros al cortar la única oreja de la tarde al segundo de su lote, salvando una jornada que tuvo reiteradas protestas por el pésimo ganado.
Se habían anunciado toros de La Ahumada pero al final se lidiaron de cinco ganaderías distintas, contraviniendo el reglamento.
Se lidiaron dos toros de rejones, uno de Vistahermosa y un sobrero incierto anunciado como de Juan Bernardo Caicedo; para la lidia ordinaria fueron de San Esteban de Ovejas (2º), Veracruz (3º Y 5º), San Simón (6º). Mansos y mal presentados salvo el 5º, pero estuvo afeitado.
Con el primero, que reemplazó a un inválido, también de Vistahermosa, Pablo Hermoso estuvo por encima de sus condiciones brillando en el segundo tercio. Con Disparate y Viriato colocó buenos pares de banderillas al astado que tenía una embestida corta y buscaba las tablas.
Con Pirata le llegó mucho a la cara y colocó banderillas cortas, rematando con el teléfono. No acertó con el rejón de muerte. Aprovechó mejor las condiciones del cuarto que anunciado como sobrero de Juan Bernardo Caicedo, tenía otro hierro en los lomos.
Con Manolete lo templó andando por las tablas alrededor del ruedo y colocó un soberbio par debajo del estribo. Con Disparate y Pirata logró los momentos más lucidos, incluso colocando banderillas a dos manos. Mató con un rejón certero en lo alto y la autoridad le negó la segunda oreja que era aclamada por el público.
El Juli tuvo el peor lote. Al corrido en segundo lugar de San Esteban de Ovejas, manso, noble y sin fuerzas, lo cuidó en el caballo y en banderillas.
El toro llegó sin gas a la muleta, perdiendo las manos en la primera serie. Aún así logró algunos muletazos aislados pero sin poder transmitir. El quinto era un tío de 600 kg. con el hierro de Veracruz que cortaba el viaje desde los primeros lances y que no tuvo un pase en la muleta. Denis Castillo brillo con los palos.
Daniel Luque lidió bien al tercero de Veracruz, un manso de solemnidad al que Ángelo Caro picó acertadamente en la querencia de toriles. Con la muleta, lo cuidó toreando con suavidad hasta fijarlo en la pelea.
Con mucho temple y dejándole siempre la muleta en la cara logró buenas series que coronó con un soberbio pase del desprecio. Culminó de un pinchazo y estocada.
El sexto de San Simón era un novillo fuertemente protestado, que embestía sin clase y con la cabeza alta. Poco pudo hacer por lo reservón. Lo mató bien entre protestas del público.

Cutiño, Matilla, Ortega y Hebreros pujan por la plaza de Plasencia

Día 25/11/2013 - 17.21h

El edil de Festejos muestra su satisfacción porque a la plaza «le salgan tantos novios»

Los empresarios taurinos José Cutiño, Jorge Matilla, José Ortega Cano y los hermanos Hebrero han comunicado ya oficialmente al Ayuntamiento de Plasencia (Cáceres) su decisión de pujar por la gestión de la Plaza de Toros de la capital del Jerte para la próxima temporada.
Así lo ha adelantado en rueda de prensa el edil de Festejos, Luis Díaz, quien ha destacado que el hecho de que a la plaza placentina "le salgan tantos novios" pone de manifiesto que el Gobierno local ha acertado con las modificaciones introducidas en el pliego de condiciones que rige la licitación.
Díaz ha reconocido que el anterior pliego era "muy bueno" para los intereses del Ayuntamiento pero excesivamente rígido para la empresa, circunstancia que motivó que la licitación tuviera que modificarse hasta en tres ocasiones y que únicamente contara con una mercantil interesada (Eventauro).
"Ahora vemos que hemos acertado y esto unido al hecho de que la plaza de toros de Plasencia es muy atractiva por su larga tradición taurina nos hace pensar que la licitación será un éxito", ha destacado el edil.
En este sentido, ha indicado que los empresarios taurinos José Cutiño, Jorge Matilla, José Ortega Cano y los hermanos Hebrero ya le han comunicado su decisión de pujar por la gestión de la plaza, ofertas a las que, según prevé el concejal, se sumarán al menos otras dos procedentes de Huelva y Ciudad Real.
El nuevo pliego de condiciones establece la reducción del ciclo taurino anual de cinco a tres festejos -dos en la Feria de junio y uno en el Martes Mayor- e incluye entre sus novedades que la adjudicación se hará por un único año, renovable si las partes quieren, en lugar de los dos años que estipulaba el anterior pliego.
Por lo que respecta a las dos corridas de la Feria, el pliego establece el nombre de nueve figuras del toreo y cinco del rejoneo, divididos en dos grupos, de entre los cuales se deberán conformar los carteles.
Así, en el grupo A se incluyen a los diestros José Tomás, José María Manzanares, Alejandro Talavante, Miguel Ángel Perera, El Juli y Morante de la Puebla; y los rejoneadores Pablo Hermoso de Mendoza, Leonardo Hernández y Diego Ventura.
En el grupo B se encuentran Enrique Ponce, Iván Fandiño y Sebastián Castella, entre los toreros; y Andy Cartagena y Sergio Galán, en el caso de los toreros a caballo.
El hecho de programar a unos toreros u otros se tendrá en cuenta a la hora de puntuar las ofertas, de tal forma que un cartel sólo con toreros del A puntuará el máximo (50 puntos) y otro sólo con nombres del B el mínimo (0 puntos).
El tercer festejo al que tendrá que hacer frente la empresa será la organización de una novillada con picadores o corrida mixta durante la fiesta del Martes Mayor (primer martes de agosto), si bien la terna de novilleros deberá estar compuesta exclusivamente por nombres extremeños, en lo que se ha denominado festejo "a favor del arte taurino en Extremadura".

El Cid: ««En Otoño encontré una nueva expresión sin perder la profundidad ni el dominio»

Día 03/12/2013 - 02.38h
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El torero sevillano agradece la concesión del VI Premio Taurino ABC, el «Cavia de los toros», que considera el galardón «más importante» de la temporada

Manuel Jesús «El Cid» recibió ayer la concesión del VI Premio Taurino ABC como un reconocimiento especial a sus 14 temporadas como matador de toros. «No tengo palabras de agradecimiento» para un galardón que llega en un momento «clave» en la carrera de un torero que tomó la alternativa en Las Ventas en la temporada de 2000, que ha abierto en cuatro ocasiones la Puerta del Príncipe de la Maestranza y ha salido dos veces por la Puerta Grande de la plaza madrileña. «El Cavia de los toros» le llega por una faena en la plaza venteña. El pasado 4 de octubre, en plena Feria de Otoño, protagonizó una extraordinaria actuación frente a un toro de Victoriano del Río, que, pese a no rematar con la espada, figura ya en los anales del coso de la capital de España.
-Aquella tarde fue muy importante, tanto a nivel profesional como personal. Me ha dado una moral tremenda y una gran ilusión para seguir trabajando, para seguir avanzando en mi tauromaquia.
-¿Qué tuvo de especial aquella faena?
-Sin duda, marcará un antes y un después en mi carrera. La gente no esperaba esta forma de concebir el toreo por mi parte, no fueron solo muletazos largos y por abajo, hubo más. Una nueva expresión más plástica, más estética, pero sin perder nunca mi concepto de profundidad y dominio del toro.
-¿Cómo se llega a ese momento? ¿Buscaba El Cid algo diferente en su toreo tras casi tres lustros de alternativa?
-Es el reflejo de muchísimo trabajo, de inquietudes que surgen, que buscas también. Es una evolución en tu forma de expresarte delante del toro. ¿Se puede decir que es el resultado de una evolución? Pues tengo que decir que allí confluyeron muchas circunstancias, un cúmulo de cosas. Sin dejar de ser El Cid profundo, el toro de Victoriano del Río me permitió torear de una forma que no todos los toros te permiten. De mis manos fluyó naturalidad, porque todo lo que hice estaba basado en lo que siempre ha sido mi toreo, sin renunciar nunca al clasicismo.
-¿Hay entonces un Cid para cada tipo de toro?
-He demostrado que no soy torero de un toro específico, que soy capaz de acoplarme a las características de cada astado que me toca en suerte, que soy capaz de sentir lo que hago en cada instante. Es evidente que hay toros que no te facilitan esa expresión que me permitió el de Victoriano del Río en Las Ventas, pero igualmente es cierto que sea cual sea el enemigo, que sea cual sea la ganadería a la que me toque enfrentarme, soy siempre fiel a mí mismo.
-El acta del jurado del Premio ABC hace hincapié en que aquella tarde de otoño logró suscitar una nueva ilusión en el público madrileño. ¿Cómo es su relación con la afición de Las Ventas?
-No puedo ocultar que me hacía falta una tarde así. Llevaba varios años en los que me faltaba esa conexión con el público que sentí siempre. Bien porque yo no había estado fino, porque la espada no refrendó buenas faenas, por otras muchas circunstancias, lo cierto es que les debía una tarde como la del 4 de octubre. Yo siempre me he sentido un torero arropado en Madrid y, tras catorce años como matador de toros, tras dos salidas a hombros, tras otros días en los que el triunfo no llegó, los aficionados madrileños me volvieron a ver con la ilusión de cuando empezaba, y eso me llenó de moral y esperanza.
-Hablaba de la espada, y es verdad que en muchas ocasiones a El Cid le ha fallado su Tizona.
-Sí, pero quizás las obras imperfectas son las que más perduran en el recuerdo del público. No culminar con el estoque aquella faena me dio coraje, el que me cerrara la Puerta Grande me enfadó mucho en aquel momento, pero con la distancia del tiempo me he dado cuenta de que los aficionados dan menos importancia a las orejas o a una salida a hombros, y que lo que de verdad queda es lo que plasmé con mi capote y muleta sobre la arena venteña.
-Uno de los momentos más importantes de su carrera fue la tarde del 25 de agosto de 2007 en Bilbao, en solitario frente a toros de Victorino Martín, y en alguna ocasión ha hablado de repetir la encerrona, pero en Madrid. ¿Puede ser en 2014?
-La temporada próxima va a ser importantísima, aunque no sé si llegará ese día. Pero lo que sí tengo claro es que el gesto que me queda por afrontar en mi trayectoria es lidiar en solitario seis toros en Las Ventas, y, casi seguro, frente a seis victorinos. Se lo debo.
-¿Ya ha comenzado a rentabilizar el triunfo de octubre?
-Madrid siempre te da mucho, te da más de lo que te quita. Ahora las perspectivas son buenas. Quiero empezar la temporada en Castellón y finalizar en Zaragoza. Va a ser un año especial, en el que debo asumir la responsabilidad de que los públicos me van a exigir mucho más.
-¿Cómo se presenta el invierno?
-En principio lo encaro sin el trajín de hacer temporada americana. Únicamente acudiré a Venezuela, a la Feria de Mérida, a finales de febrero. Hasta entonces, habrá mucha preparación y mucho campo para estar a punto en cuanto asome la primavera.

La dorada madurez de El Cid

Curro Romero: «Un artista no trabaja por encargo, no es una fábrica»

Día 01/12/2013 - 15.22h
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El Faraón de Camas, que hoy cumple 80 años, echa la vista atrás y sólo recuerda momentos de alegría: «He tenido tanta suerte...»

El 1 de diciembre de 1933, a las cuatro de la tarde, Andrea López Expósito dio a luz en su humilde casa de Camas a Francisco Romero, un niño apuesto y tímido que pocos años después se coló en el cine para ver «Currito de la Cruz» y soñó con ser torero para salir del fango de la finca de los Queipo de Llano, hasta donde llegaba el rumor de los oles del Arenal de Sevilla. Hoy, ochenta años después, Curro Romero es un mito inalcanzablemente cercano, un dios para quienes le vieron torear y para los hijos y nietos de estos, que se postran ante él sin haberlo contemplado jamás en un ruedo.
Su arrasadora personalidad, senequista y austera, sabia y modesta, le ha llevado a hombros del reconocimiento general. Por eso, a pesar de los duros avatares de su vida, que también los ha habido, Curro se confiesa feliz. Dice que ha sido un hombre con suerte y que su vida ha sido «un visto y no visto». No da importancia a su talento. No quiere premios -«mi premio ha sido la afición que me ha seguido a todas partes»-, ni alabanzas. Sólo ansía la tranquilidad. Pasar desapercibido. «Me gusta la gente que conozco y me dice que no se me acerca para no molestarme».

«No me he traicionado»

No es consciente de lo que significa para los demás. De hecho, su genialidad consiste en que sólo tiene conciencia de lo que significa para sí mismo: un hombre honrado que no se ha traicionado jamás. «Yo tenía técnica para poder hacerle a cualquier toro cuatro cosas y contentar a la gente, pero no lo sentía y por eso no lo hice. Ésa es mi dignidad: no me he traicionado», se dice casi en voz baja. Echando la vista atrás, Curro no recuerda reconocimientos ni vítores. No es fetichista. No sabe qué traje se puso en ninguna corrida. Pero sí recuerda con precisión los momentos en que levitó ante un toro, le cortase o no las orejas, que él siempre ha preferido «con papas». Dice que en esos instantes conoció la verdadera libertad. El Arte. La perdición de no tener noción de nada mientras su vida bailaba al socaire de su búsqueda de la hermosura. El instante en el que halló la eternidad. Ésa es su obsesión en sus conversaciones íntimas: tratar de explicar que tal vez su grandeza consiste en no haberse obstinado en ser grande. Simplemente en ser feliz. Y en haber convertido ese egoísmo en un soberano acto de generosidad.
Mientras juega al dominó cerca de su casa de Espartinas, con los pocos amigos de toda la vida que ya le quedan, y sin apostar jamás una peseta -«aún así nos decimos de todo, anda que si apostáramos algo...»- suele mirar atrás al acecho de sus alegrías. A Antonio Burgos, su biógrafo, su amigo del alma, el único que sabe escribirle sus esencias, le explicó que quiso ser torero para «hartarse de dormir» y para sacar a su gente del lodo. Su padre le aconsejó que fuera humilde. Y ni siquiera fue a verlo en sus primeras tardes de La Pañoleta. Ni el día de la Maestranza ante «Radiador». Igual que su madre, «que no me vio torear ni en vídeos».

Vivió a su aire

Quizás por eso él tiene claro que no habría podido soportar tener un hijo torero. Y tal vez por eso también idolatró tanto a su Andrea, su gran espejo. Cuando le compró el piso de la calle Monte Carmelo, en el barrio de Los Remedios, para sacarla de aquella casa vieja de Camas con letrinas en el corral, sus metas materiales se acabaron. Guardó su intimidad con celo y vivió a su aire. Y toreó a su albedrío. «Un día mi madre fue al frutero al que llevaba años yendo en Los Remedios y una clienta la descubrió. Dijo que era la madre de Curro Romero. El frutero le dijo que cómo se había callado eso tanto tiempo. Mi madre le explicó que ella era Andrea López y ya no volvió más a esa frutería», cuenta con orgullo. A ella, señora recia de «roete» y callos en las manos, le debe su afinidad con la gitanería: «Yo no quiero ronear de gitano, pero estoy seguro de que hace 400 ó 500 años tuve que serlo», se engríe Romero.
Sus anécdotas con los flamencos son infinitas. Como aquella noche en Triana en la que se llevó a la taberna del Morapio a su hermanoCamarón y tuvo que pedirle a Antonio Ordóñez que se marchara para que la fiesta cogiera cochura. El de la Isla cantó una seguiriya «y nos rompimos las camisas, lloramos, nos abrazamos unos a otros, eso fue inexplicable». O sus andanzas con Caracol el del Bulto, Chocolate, el Beni, Rancapino, Pansequito, Picoco... «Picoco gastaba dos cucharas al año de lo que comía». Una vez, para llegar al bautizo de uno de los niños de Rancapino, que él iba a apadrinar, perdió el avión y tuvo que alquilar una avioneta con azafatas. «Picoco se pegó todo el vuelo diciéndonos ¿quieren ustedes tomar algo?». El jerezano Luis de la Pica, con quien Curro moría, le tuvo que aclarar una vez que él era «de Rafael de Paula». Y Romero le contestó: «Y yo, Luis, y yo también».

Correrías sin fin

Esas correrías no tienen fin. Curro los ha conocido a todos. «He tenido tanta suerte...», comenta cada vez que habla de ellos, a los que defiende soliviantado: «Yo no podía soportar cuando veía en un tablao a Camarón echando las higadillas por la boca y en el público la gente levantando la mano para pedir un güisqui». José, por cierto, quiso ser torero. «Pero tenía mucha jindama». Gracias a Dios, fue cantaor. Y Curro cantiñea por derecho los fandangos del Almendro. «Pero una vezCaracol me pidió que le cantara uno y cuando terminé, me dijo: tú a torear». Y toreó sin traicionarse, aguantando almohadillas o a aquél que se saltó en Madrid a pegarle cuando se negó a matar a un toro.
El Faraón, que tenía el estoque en la mano, se levantó con parsimonia y siguió su camino sin mirar siquiera a aquel hombre. Ése es el paradigma de su gallardía. Venció a su instinto. Respetó la ira del energúmeno. Curro lo había entendido todo cuando un amigo suyo, el pintor Juan Lara, al que le confesó su preocupación por el maltrato que solía recibir, le despejó sus dudas: «No te agreden, Curro, te riñen por lo que dejan de ver». O cuando aquel otro aficionado se levantó en la plaza de toros de Sevilla un Domingo de Resurrección y le exclamó desesperadamente: «¡Curro, te odio!».

Amor de la afición

El amor de la afición a Romero ha sido tan auténtico que siempre ha flirteado con el odio. Porque él nunca ha sido hijo de la indiferencia.Ha buscado el silencio en sus adentros. Y ha basado toda su expresión artística en las distancias. «Siempre hay que huir del peligro», repite. Respeta el toreo de furia. Pero él ha buscado otra cosa. Y por eso ha trascendido. Es un monumento vivo al que le han dedicado uno de bronce. La gente se hace fotos con él y con su escultura. El maestro siempre cuenta, ruborizado, la anécdota del coche de caballos: «Estaba yo una vez esperando un taxi en la calle San Fernando, donde yo vivía, y venía un coche de caballos bajando la calle. El cochero les estaba explicando a los turistas los monumentos: a la izquierda, la antigua Fábrica de Tabacos, actual Universidad de Sevilla... De repente, al llegar a mi altura, dijo: a la derecha, Curro Romero».
Los guías sevillanos lo enseñan ufanamente como uno de los grandes patrimonios de la ciudad. Pero él huye de todo eso. Prefiere meterse en sus entrañas para recordar la fortuna que tuvo de conocer a Rafael de León en casa de su suegra, Concha Piquer. O para hablar deCarmen Tello, la mujer que le pone brillantes los ojos cada vez que habla del querer: «Hay que ver la fuerza que tiene el amor», suspira.
Manolo Ramírez, el mayor currista de cuantos profesan esa religión consagrada incluso por sentencia judicial por un magistrado andaluz que dio la razón a un trabajador al que habían echado por enfrentarse a un cliente que habló mal de Romero, decía que Curro es un monumento a la verdad. En esa frase cabe todo lo que sus ochenta años han vivido. Un hombre bohemio, a veces solitario, defensor del Arte en todas sus expresiones, detractor del artisteo. «Un artista no es una fábrica, no se pueden hacer obras de arte por encargo, yo no creo en eso», asevera. Así explica su forma de irse de la plaza: «Yo nunca pensé en anunciar mi retirada, nunca. ¿Hay algún pintor que haya dicho que éste es su último cuadro?». En el fondo, Curro Romero no se retirará nunca como tampoco jamás se ha traicionado. «Eso me lo llevaré a la tumba».

El peso de la leyenda

Su sentencia tiene incluso eco. Porque este hombre que sufre viendo al Betis, que nunca se ofusca cuando su compañero de dominó no le da la ficha exacta, que guarda a sus amigos en el templo de su intimidad, que huye de los elogios, que sigue haciendo deporte a escondidas,que camina con porte de paseíllo hasta cuando las piernas le flaquean, que ama los momentitos inexplicables de la belleza, que persigue desconsoladamente su memoria, que ha olvidado sus dolores, que corre de los titulares, que se sacrifica en su generosidad por aquellos a los que quiere y que siempre, permanentemente, por los siglos de los siglos, está buscando la media verónica de sus desvelos, es un mito de la Tauromaquia y de la vida. Hace ya 13 años que se retiró «y no he conseguido que me olviden», se lamenta sinceramente. El peso de la leyenda es así de exigente.
Por eso hoy, que cumple 80 años, se recuerda tanto en su niñez anónima y dramática de Gambogaz. Se es toda la vida lo que se fue de niño. Y Curro Romero lleva tanto tiempo siendo tan inmenso que ni siquiera han podido tenerle envidia. «Cumplo 80 y ha sido un visto y no visto». Eso es. El mundo, como dijo Villalón, el que buscaba toros de ojos verdes, se divide en dos: los que han visto a Curro Romero y los que no han visto nada.

Cinco décadas desparramando arte por los ruedos

Juan José Padilla, embajador de la Red Iberoamericana de Ciudades Taurinas

Día 23/11/2013 - 20.50h
Juan José Padilla ha sido designado embajador de la Red Iberoamericana de Ciudades Taurinas, una iniciativa que pretende unir a personalidades, instituciones y municipios en defensa del arte taurino.
En un acto celebrado en el Castillo de San Marcos de El Puerto de Santa María, el torero jerezano ha aceptado así la invitación a convertirse en el nuevo embajador de esta Red, que el año pasado puso en marcha el Ayuntamiento de esta localidad gaditana.
Juan José Padilla, que se ha mostrado «muy orgulloso», forma así parte de un grupo de embajadores de la Red que tiene entre sus filas a laduquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, los presidentes del Senado y de la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados, la Asociación Taurina Parlamentaria o toreros como José Luis Galloso o Alejandro Morilla.
Además, la Red ha recabado adhesiones de ciudades como Ronda (Málaga) y Algeciras (Cádiz) o de plazas de toros como las de Acho (Lima) y La Macarena (Medellín).
El alcalde de El Puerto de Santa María, Enrique Moresco, ha recordado que la Red Iberoamericana de Ciudades Taurinas nombra embajadores a las personalidades de reconocido prestigio en el mundo de las artes, la cultura, las ciencias, la política y otras disciplinas.
Con su nombramiento, los embajadores adquieren libremente el compromiso de identificarse como miembros de la Red «en los lugares y momentos que consideren beneficiosos para los objetivos del proyecto» y de participar en eventos y actividades organizadas para defender lacultura taurina por la Red.
Son así, los rostros visibles de un proyecto que pretende crear unacomunidad virtual que tiene ya miles de seguidores en las redes sociales con el objetivo de fomentar el intercambio de información y de promocionar, dentro del espacio iberoamericano, «cualquier manifestación cultural, artística, festiva, popular o científica relacionada con la figura del toro».
En el acto de designación de Juan José Padilla como nuevo embajador, la Red Iberoamericana de Ciudades Taurinas ha presentado su himno, la canción «Ciudades taurinas», compuesta e interpretada por el grupo A Dos Velas.