lunes, 6 de agosto de 2012


¡Ole tú siempre, Morante!

El de La Puebla corta la única oreja en El Puerto tras una genial obra

Día 06/08/2012 - 00.32h
Menos mal que nos queda Morante en tiempos de crisis. Distinto a todo y a todos. Por fortuna para la Fiesta. Porque si no, ¿qué sería de un arte que se basa en la genialidad y la improvisación, precisamente lo que propugna Morante? Y eso que no hubo faena redonda pero, amigo, cuando le da por torear al de La Puebla… Y no me dejo detrás a un Perera a cara de perro en sus dos toros, enrabietado a más no poder al que se le atragantó la espada.
La corrida fue un abanico del extenso muestrario de la cabaña brava española, pero en malo. Un despropósito, vamos. ¿Es que no hay una corrida completa en el campo a estas alturas? Tres hierros distintos. Vaya tela del telón.
Morante vio cómo el zalduendo primero suyo se iba suelto del capote. Aún así, dejó una verónica y, sobre todo, la media, con su sello. Comenzó por bajo el trasteo final pero su oponente escarbaba y era remiso. Y también molestaba el viento. La primera parte no hubo acople entre ambos pero luego, con Morante empecinado en sacar partido, surgieron dos series diestras arrebatadas, con muletazos tersos y de mano baja. Un primor, como los de pecho. Y la postrera serie final al natural, de uno en uno, lentos y parsimoniosos, con el toro ya rajado. Los detalles de los cambios de manos y desplantes enardecieron al respetable. Porque falló con los aceros, que si no…
Salió el genio
El quinto de Juan Pedro no le permitió nada con el capote. Consintió que le dieran en el caballo y eso condicionó la faena de muleta. Pero ahí salió el genio –de genialidad-. que lleva dentro Morante. Inicio precioso, apoyada la mano izquierda en tablas para hacerlo pasar por alto, dejar un trincherazo excelso y rematar con un derechazo por bajo. Luego, inspirado el de La Puebla, dos series también a diestras sentidas, sublimes, parando el tiempo y los corazones. La segunda algo más paradita. Ayudado por alto para echarse la muleta a la izquierda y sentirse. No había casi toro pero se inventó la faena José Antonio, como en los molinetes abelmontados y el abaniqueo final. ¡Ole tú, Morante, que eres capaz de ilusionar y de ilusionarte! Una oreja. Qué más dan los trofeos cuando se es capaz de hacer algo diferente. Y eso está sólo al alcance de unos pocos elegidos, entre ellos Morante.
Perro de presa
Miguel Ángel Perera dejó un ramillete de verónicas por el pitón izquierdo realmente bueno. Pero el quite por gaoneras, sin rectificar y sin moverse, fue de los que hacen que te salga de la garganta el ¡ay! Impávido el torero. Tremendo. Brindó al público tras un buen tercio de banderillas de Joselito Gutiérrez y Guillermo Barbero. El de Zalduendo se desplazó, sin mucha clase, pero fue y vino. Y Perera le aplicó su medicina: muleta baja y series ligadas. Siempre en un corto espacio de sitio. Todo muy de verdad e intenso, exprimiendo a su enemigo. No fue lo mismo con la zurda, con el toro más remiso, pero las manoletinas finales, ajustadísimas, pusieron la plaza boca abajo. Pero la espada se le atragantó. Una pena porque la faena contuvo emoción y entrega.
Vaya el lío que formó en el quite al sexto Miguel Ángel Perera. Gaoneras, tafalleras, faroles… y todo en un milímetro de albero. Las ganas del extremeño son impresionantes. El de Victoriano del Río fue un toro que cantó sus ganas de irse a tablas a las primeras de cambio con la muleta. Pero Perera no estaba por la labor de dejarlo escapar. Le puso la flámula siempre en el sitio y tiró de él, mas su enemigo era remiso a seguir el engaño. Hubo torero, y mucho, pero no toro.
Finito de Córdoba, que vino vestido de luto riguroso, dejó algo en su primero, aunque siempre muy desconfiado, y en el cuarto, al que mataron en el caballo, no quiso ni verlo. No está Finito para estos trotes.

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